“Impact investing” en Puerto Rico: lo que aprendimos cuando el capital y el impacto se sentaron a la misma mesa
- Nerma Albertorio Barnés

- 22 hours ago
- 5 min read
Hay conversaciones que se quedan en una sala de conferencias y mueren ahí. Y hay conversaciones que salen caminando solas, que te persiguen en el carro de regreso a casa, que te hacen querer llamar a alguien y decirle: escucha esto.

El panel "Where Impact Meets Alpha: The Next Phase of Purpose-Driven Investing", celebrado el pasado 17 de abril en Uncorrelated Puerto Rico 2026, fue del segundo tipo.
Tuve el honor de moderarlo, y lo que pasó en esa sala durante 45 minutos me confirmó algo que llevo años sospechando: el “impact investing” en Puerto Rico está en un momento clave y todavía no lo estamos aprovechando del todo.
Pero primero, lo que dijeron las voces en la mesa.
"El mayor mito es que tienes que escoger"
James Connor llegó a la conversación con la autoridad de quien lo ha hecho. Como CEO de Sygnus Capital Puerto Rico (antes Acrecent Financial), empresa que cofundó y que hoy forma parte de uno de los grupos de inversión alternativa más importantes del Caribe, ha desplegado más de $3.5 mil millones en capital a lo largo de su carrera, con un enfoque claro en negocios pequeños y medianos que operan en sectores desatendidos.
Cuando le pregunté cómo maneja internamente los momentos en que el retorno financiero y el impacto social jalan en direcciones distintas, su respuesta fue directa: "Es un conflicto que resolvemos caso a caso. Es una disciplina que construyes desde el principio."
Lo que Connor articula bien es algo que el mercado todavía resiste: que la rentabilidad ajustada al riesgo y el impacto medible no son opuestos. Son, en el mejor de los casos, complementarios.
"Usamos a Puerto Rico como plataforma, no como destino"
Carlos Domínguez Rullán, fundador y managing partner de Carbono3, opera con una lógica distinta. Su firma, con base en San Juan, invierte en startups en etapa temprana con enfoque en sostenibilidad e impacto, y ha construido lo que describe como un pipeline cross-border que conecta el ecosistema de Puerto Rico con mercados en América Latina y España.
"Puerto Rico no es solo donde estamos. Es desde donde operamos hacia el mundo", comentó.
Carbono3 ha participado en inversiones en empresas como MBQ Pharma, Zero Damage, OlePay y TuBanc, esta última una fintech colombiana enfocada en trabajadores de la economía gig, a través de su plataforma de sindicación de ángeles Positive Angels. La tesis es clara: identificar fundadores técnicos hispanos que resuelvan problemas con potencial de escalar a negocios de más de $100 millones, y hacerlo con un impacto medible como condición de entrada, no como añadido.
Lo que Carbono3 propone es que Puerto Rico tiene una ventaja competitiva como plataforma de capital: jurisdicción estadounidense, acceso a fondos federales, incentivos fiscales, talento bilingüe y una ubicación geográfica que lo posiciona entre dos mundos. La pregunta incómoda: ¿por qué no estamos usando eso más agresivamente para consolidar el ecosistema de “impact investing” en Puerto Rico?
"Inventé un modelo donde nadie pierde"
Si hay una voz en el panel que llegó con una propuesta radical, fue la de Nat Ware. Economista, emprendedor social, Rhodes Scholar, fundador de 180 Degrees Consulting - la consultora de nonprofits más grande del mundo con más de 160 capítulos en 35 países - y ahora CEO de Forte Global, Ware presentó un modelo que desafía los supuestos básicos del financiamiento de impacto.
El modelo Forte - cuyo nombre viene de Financing Of Return To Employment - propone financiar educación y entrenamiento para poblaciones vulnerables sin costo para los individuos ni para los gobiernos. ¿Cómo? A través de inversionistas que aportan capital y son recompensados con una porción del aumento de la recaudación fiscal que genera el entrenamiento. Si el entrenamiento no funciona, el gobierno no paga. Si funciona, todos ganan.
"El costo del reentrenamiento suele ser menor que el aumento de la recaudación que genera. Esa diferencia es donde vive Forte", explicó Ware con la precisión de quien ha pasado años defendiendo esta tesis en foros del Banco Mundial y del Foro Económico Mundial.
Cuando le pregunté cómo convencer a un inversionista tradicional de que esto no es demasiado bueno para ser verdad, sonrió: "Les muestro los datos de Australia, Colombia y Costa Rica. Los números hablan por si solos."
La pregunta que quedó abierta fue si el modelo Forte podría aplicarse en Puerto Rico - lo que representaría una nueva frontera para el “impact investing” en Puerto Rico orientado al desarrollo de capital humano.
"Llevamos 58 años haciendo lo que ahora llaman “impact investing”"
Alma Frontera llegó al panel con algo que los otros tres no tenían: la perspectiva de quien recibe el capital. Presidenta de Boys & Girls Clubs de Puerto Rico desde agosto de 2024, Frontera proviene del sector privado - agencias de publicidad, producción y hotelería - y entró al tercer sector después del huracán María, cuando, según sus propias palabras, "no había otra opción que servir."
Su intervención fue quizás la más honesta del panel. Cuando le pregunté cómo ha cambiado la conversación con sus financiadores en los últimos años, no dudó: "Están más exigentes. Quieren métricas. Quieren saber exactamente qué estás midiendo y cómo. Y eso, aunque requiere más trabajo de nuestra parte, en realidad nos hace mejores."
Boys & Girls Clubs de Puerto Rico sirve a más de 16,000 niños, jóvenes y familias al año, con once clubes desde Mayagüez hasta Vieques. Han dado más de 100,000 comidas en un solo año. Han conducido casi 11,000 talleres para jóvenes. Y llevan 58 años haciéndolo antes de que “impact investing” fuera una frase en boga.
"La gente habla de impacto como si fuera una tendencia", dijo Frontera. "Para nosotros, es una obligación de por vida."
Su presencia en el panel fue un recordatorio necesario: el impacto no empieza cuando llega el capital. El impacto ya existe, y el capital tiene la responsabilidad de encontrarlo.
Lo que el panel no dijo - pero todos pensamos
Hubo un momento, cerca del final, cuando le pregunté al panel qué señal concreta esperarían ver en cinco años para saber si el “impact investing” en Puerto Rico y el Caribe había madurado de verdad.
Las respuestas fueron distintas en forma pero convergentes en fondo: más capital local, mejores estructuras de medición, más organizaciones con acceso a financiamiento que hoy no tienen, y más conversaciones como esta. Esa última parte me llega porque lo que el panel dejó claro es que el problema no es solo de capital, es de ecosistema. Es de quién está en la sala. Los que pueden invertir y los que están creando impacto real necesitan conocerse, hablarse y construir juntos.
Durante demasiado tiempo, esos dos mundos han corrido en paralelo en Puerto Rico. El capital, mirando hacia afuera, buscando oportunidades en mercados más "maduros". Mientras las organizaciones de impacto están mirando hacia adentro, sobreviviendo con lo que llega.
La brecha no es inevitable. Es una decisión. Y podemos tomar una diferente.
Por qué esto importa para el emprendedor
Si eres emprendedor y estás leyendo esto, puede que estés pensando: "Esto es para los grandes, no para mí." Pero te equivocas.
El “impact investing” en Puerto Rico en su forma más práctica, crédito privado para pequeños negocios, sindicación de ángeles, fondos de blended finance, es exactamente el tipo de capital que llega a donde los bancos tradicionales no llegan. Es el tipo de capital que Sygnus ha desplegado en docenas de empresas locales. Que Carbono3 está canalizando hacia fundadores hispanos en etapa temprana. Que el modelo Forte promete llevar a trabajadores que el sistema dejó atrás.
El impacto no es la misión de otro. Puede ser tu modelo de negocio.
Y Puerto Rico, con todo lo que tiene, con todo lo que ha sobrevivido, con todo lo que todavía está construyendo, es uno de los lugares más interesantes del mundo para demostrarlo.




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