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La incertidumbre de Brands Of...

  • Geraldo Pérez y Mara Polanco
  • Jun 30
  • 4 min read

Updated: Jul 14


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“No terminó como yo quería… pero para mí no fue un fracaso.” – Alan Taveras

Aunque muchos se refieren a él como Alan de Brands, Alan del Fulfillment Center y Alan del ecosistema empresarial, la realidad es que Alan Taveras es un emprendedor en serie que constantemente anda maquinando la próxima gran idea que hasta asusta de lo grande y abarcadora que sea. Y es que Alan ha estado desafiando la convención desde su primer emprendimiento cuando era un chamaco que necesitaba que su Madre firmara contratos por él. Ha recorrido un largo trayecto lleno de glorias y éxito pero también de cantazos, rasgaduras y grandes aprendizajes. Emprende Notas invitó a Alan a tener una conversación íntima y sin filtro, haciendo una retrospectiva por los momentos más impactantes de su carrera: desde errores catastróficos hasta decisiones emocionales que beneficiaron a algunos, pero fueron una estocada para otros. Todo lo vivido le reafirma su convicción de que darse por vencido no es una opción.

Espíritu Emprendedor

Para Alan, el empresarismo es “emprender en un mar de incertidumbre” lo cual requiere un tipo de persona que tenga la composición emocional para sostenerse sin miedo en los altos y bajos del proceso. Esa característica de su personalidad empresarial lo impulsa y motiva a emprender en proyectos innovadores y disruptivos para el ecosistema empresarial local e internacional en donde participa activamente. Él recalca que este camino está lleno de riesgos, pero entiende que, como emprendedor o inversionista, asumirlos es parte esencial del proceso. Además, si hay algo de lo que no tiene duda es “que siempre hay algo para hacer, por eso nunca se debe quitar”. 

Una idea que nació grande

Brands Of no fue cualquier startup; fue parte de los primeros grupos de empresas que pasaron por el crisol de programas de incubación como el de Parallel 18. En palabras de Alan, “fuimos parte de una camada que marcó un antes y un después en el ecosistema empresarial de Puerto Rico.” Fue un proceso de aprendizaje y crecimiento tanto empresarial como profesional en donde fueron expuestos a nuevos conceptos y reevaluación de su propuesta. Gracias a una conversación clave con una de las mentoras del programa, Frances Rovira, de Rovira Biscuit, replantearon su modelo por completo: en lugar de insistir en lo que a ellos les interesaba, debían escuchar lo que realmente quería el cliente. La consecuencia directa de esta revelación fue que lograron transformar a Brands Of; pasando de una oferta que no generaba interés ni ventas a una plataforma que conectó productos locales con la diáspora latina, especialmente la puertorriqueña. 



Decisiones trascendentales

Durante nueve años, Brands Of se destacó como un proyecto que creció y evolucionó junto con Alan en su desarrollo como empresario. Fue una empresa que impactó a cientos de emprendedores puertorriqueños, abriendo oportunidades de venta fuera de la isla, no solo a la diáspora, sino al mundo entero. Pero todo el éxito que representó Brands Of no lo libró de enfrentar una de las decisiones más difíciles de su vida: el reconocer que no podía seguir en Brands Of. Hubo múltiples razones, ambas profesionales y personales; ver el costo de adquisición de cliente ir de $4 a $20, ser forzado por las circunstancias a tener que despedir a 8 personas un mismo día y saber que su desarrollo profesional iba en otra dirección que lo alejaba de Brands Of.  

Cuando se le preguntó si consideraba que Brands Of fue un fracaso, Alan fue contundente: “Para mí no fue un fracaso. No terminó como yo quería, pero fue un éxito para más de 200 marcas locales.” Sin embargo, admite que su salida fue un golpe mortal para la compañía del cual no sobrevivió. “Yo sé que fue una mala decisión para Brands, pero la tuve que tomar,” confiesa. Y es que dejar la empresa significó mucho más que ceder un rol; era desligarse de una identidad. “Yo era Alan, el de Brands. No había una distinción.”. 

Los momentos que lo definieron

Ese contraste entre impacto y desenlace es lo que hace la historia tan poderosa. ¿Puede una empresa dejar de existir y aun así haber sido valiosa? Según Alan, sí. Porque la medida del éxito no siempre se escribe en números, sino en las vidas transformadas durante el trayecto. El ecosistema se nutrió al ver a unos “muchachos que no venían de dinero que se atrevieron a hacer algo que no se había pensado antes”. Presenciar el éxito que tuvo Brands Of fue una motivación para muchas personas que tomaron la decisión de invertir su tiempo y dinero en proyectos con un gran potencial. Ver que el mercado se extiende más allá de Puerto Rico y entender la sutileza necesaria para accesar el capital de inversión disponible, fueron grandes lecciones que lo transformaron como empresario y lo acompañan hasta en su rol actual en Invest Puerto Rico.

Aprender a soltar

Las lecciones de Brands Of fueron muchas pero una de las más destacadas fue la de aprender a distanciar lo emocional de lo que es una empresa. El negocio es una herramienta para crear valor, no es un hijo al que hay que proteger a toda costa. “Uno tiene que aprender a detach,” dice. Si no genera valor, hay que saber cortar y empezar de nuevo. Enfrentarse al fracaso exige madurez emocional y visión a largo plazo. “El peor enemigo es uno mismo", admite Alan. Y, aunque ahora es esposo y padre, su pasión por emprender sigue viva. Eso sí, con una perspectiva distinta: entender que no siempre se tiene el control y que el crecimiento personal a veces requiere abandonar lo que uno mismo construyó.


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