Reflexiones de un Boricua en el Tech Week de NY
- Nerma Albertorio Barnés

- Jul 5
- 4 min read

Por Jonathan Díaz Sepúlveda
La inteligencia artificial, el futuro de Puerto Rico y la brecha que no podemos ignorar
Hace unos días regresé de vivir una de esas experiencias que te sacuden las ideas y te siembran más preguntas que respuestas: el Tech Week en la ciudad de Nueva York. Un evento que reunió a emprendedores, inversionistas, programadores, diseñadores, educadores… y sobre todo, a gente con hambre de entender y construir el futuro.
Como era de esperarse, la estrella indiscutible fue la inteligencia artificial (IA). Está en todas partes: en los paneles, en los demos, en las conversaciones de pasillo y hasta en las preocupaciones de quienes sienten que esta ola tecnológica se acerca demasiado rápido. Pero más allá del “hype” y el miedo, salí convencido de algo muy simple: la IA no es magia… es una herramienta poderosa. Y como toda herramienta, su impacto depende de cómo, cuándo y para qué la usemos.
Quiero compartir lo que vi, lo que me hizo pensar en Puerto Rico y lo que creo que no podemos ignorar si queremos ser parte, no solo espectadores, de esta nueva era.
La revolución de la IA no viene… ya está aquí
Olvídate de la ciencia ficción. La IA ya está transformando la forma en que trabajamos, aprendemos y vivimos. En Tech Week, vi ejemplos de IA ayudando a médicos a diagnosticar enfermedades más rápido, a agricultores a predecir cosechas con precisión, a maestros a adaptar sus clases al ritmo de cada estudiante. También conocí herramientas que permiten a emprendedores automatizar procesos, crear contenido en segundos y entender mejor a sus clientes.
Pero esta revolución no es solo tecnológica. También es cultural, económica y social. Países como Canadá, Singapur y Estonia están invirtiendo en marcos éticos para guiar el uso responsable de la IA. En África, organizaciones usan IA para traducir contenido educativo a idiomas locales. En América Latina, ya hay programas en México y Colombia que forman jóvenes en habilidades de IA, incluso en comunidades rurales.
El mensaje es claro: el mundo se está moviendo, rápido y con intención. Y nosotros, ¿dónde estamos parados?
La IA no es un atajo, es un multiplicador
Una frase que escuché en Tech Week me resonó fuerte: “La IA no crea valor por sí sola, solo multiplica lo que ya existe”. Si tienes un negocio organizado, buenos datos y claridad en lo que haces, la IA puede ayudarte a escalar, ser más eficiente y competitivo. Pero si lo que hay es desorden o falta de enfoque, la IA solo va a amplificar esos problemas.
Y ahí es donde pensé en Puerto Rico. Sabemos que la digitalización de nuestros negocios no es un lujo, es una necesidad. Pero digitalizar no es solo tener redes sociales o una página web bonita. Es entender cómo aprovechar tecnologías como la IA para ahorrar tiempo, conectar mejor con clientes, vender más y trabajar de forma más inteligente.
La IA, bien utilizada, puede ser un igualador de oportunidades. Pero mal utilizada, o ignorada, puede convertirse en otra barrera más.
La brecha tecnológica: un problema viejo, un riesgo nuevo
En Puerto Rico ya existía una brecha tecnológica: entre los que dominan la tecnología y los que no. Ahora, con la IA, esa brecha puede crecer peligrosamente. En Tech Week se habló de cómo hasta un 40% de los empleos actuales podrían transformarse radicalmente en los próximos años. No necesariamente desaparecer, pero sí cambiar tanto que quienes no se preparen, se van a quedar atrás.
No podemos permitir que esta revolución sea solo para quienes ya estaban adelante. En el mundo ya hay iniciativas que nos muestran el camino: desde voluntarios enseñando IA básica en escuelas rurales de India, hasta centros comunitarios en Brasil donde jóvenes aprenden a usar ChatGPT y crear ingresos con herramientas digitales.
La clave está en llevar el conocimiento a donde está la gente, no al revés. Y en eso, Puerto Rico tiene que actuar.
Puerto Rico y la IA: ¿amenaza o oportunidad?
Lo bueno es que ya hay pasos importantes. Programas como 21st Century Techforce buscan capacitar a miles de personas en tecnología, datos e IA. Iniciativas como Inteligencia Artificial en Acción están acercando estas herramientas a profesionales de todos los sectores, incluso a quienes nunca han escrito una línea de código.
Pero falta mucho por hacer. La IA puede ser un aliado para el emprendimiento, la educación, la salud, el turismo… incluso para los municipios. Imagina:
Una tienda de regalos en Utuado que usa IA para entender qué prefieren los turistas.
Una agricultora en Naguabo con sensores inteligentes que le dicen cuándo regar.
Una maestra en Loíza que adapta su clase al ritmo de cada estudiante gracias a un asistente de IA.
Todo eso ya es posible. Lo que necesitamos es que el acceso no quede limitado a quienes ya tienen las conexiones o los recursos.
Tenemos que invertir en:
· Educación digital accesible desde la niñez hasta la adultez.
· Internet de alta velocidad en cada rincón.
· Formación en IA para pequeñas y medianas empresas.
· Alianzas entre gobierno, academia y sector privado para resolver problemas reales con IA.
Y algo vital: que las soluciones funcionen en español, respeten nuestra cultura y se diseñen pensando en nuestra realidad. No podemos depender solo de lo que se inventa fuera del Caribe.
Conclusión: el futuro no se espera, se construye
Después de vivir el Tech Week NYC, me queda claro: la IA no es opcional. Va a transformar todo: industrias, empleos, comunidades. La pregunta no es si va a pasar, sino cómo queremos que pase.
Como boricua, creo que tenemos el talento, la creatividad y la resiliencia para insertarnos en esta conversación global. Pero tenemos que actuar con intención. No podemos dejar que la brecha digital crezca, ni que la IA se convierta en un lujo para unos pocos.
La IA puede ser el motor que multiplique lo que ya hacemos bien: nuestra hospitalidad, nuestra cultura, nuestro ingenio. Pero también puede ser un riesgo si no la acompañamos con educación, políticas claras y colaboración real.
Mi llamado es simple: no esperemos a que el futuro nos alcance. Vamos a construirlo nosotros. Con IA, sí… pero también con inteligencia humana, corazón y compromiso colectivo.




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